Inteligencia Heredada

El reciente descubrimiento del primero de un grupo de genes relacionados con la inteligencia comprueba lo que desde hace tiempo se sospechaba: parte de la genialidad se hereda de los padres.


Aunque la preocupación por descubrir el origen de la inteligencia data desde hace varios siglos, fue la aparición del libro "The Genius of Men" del genetista Francis Galton -a principios del siglo XX- la que dio el primer paso teórico para la definición del concepto. Ya en esta época, hablar de inteligencia comenzó a ser un terreno en el que el ambiente y la herencia tenían que enfrentarse. Fiel a su formación, Galton estudió la genialidad dentro de grupos familiares, determinado a encontrar un nexo entre la genética y las distintas habilidades cognitivas del ser humano. Lo curioso es que una de las familias analizadas fue la suya, en la que destaca su primo: Charles Darwin.

A pesar de la investigación de Galton, hasta ahora los expertos en genética no habían logrado demostrar la real influencia de los genes en la inteligencia, lo cual -de paso- avalaba los argumentos de quienes aseguran que la inteligencia no se evalúa en un test, ni tiene que ver únicamente con las capacidades cognitivas.

Sin embargo, el reciente hallazgo de un grupo de especialistas del Instituto de Siquiatría de Londres coloca el primer bloque en favor de la herencia: el gen IGF2R (factor de crecimiento de tipo insulina, que permite el acoplamiento de células), localizado en el cromosoma 6 y que tiene mayor expresión en las personas con altos puntajes en las pruebas de Coeficiente Intelectual.

El estudio consistido en analizar precisamente el ADN en dos grupos de 51 niños: uno con puntaje promedio de CI de 136 y otro con 106. Después de tomar muestras de sangre al grupo de estudio y tras diferenciar varias características del cromosoma 6, los expertos del instituto londinense no tardaron en descubrir que una de las formas del gen -llamada alele 5- es dos veces más frecuente en el material genético de niños con alto puntaje en la prueba de CI; es decir, en el 46 % de los promedios "inteligentes" y en el 23 % de los "normales". De inmediato Plomin se concentró en esta forma específica del gen y la contrastó en niños con altos puntajes en habilidades específicas versus aquellos con puntajes normales. El resultado fue el mismo.

Tras los análisis, no les quedaron dudas de que "esta manifestación especial del gen IGF2R es la que contribuye al buen resultado en los test de inteligencia en ciertas personas". Ahora bien, es precisamente este punto el que levanta más críticas en los resultados obtenidos. Para muchos especialistas, considerar sólo los test a la hora de hablar de inteligencia es insuficiente. Desde ya, existen teorías como la del sicólogo estadounidense Howard Gardner que refiere la existencia de seis tipos diferentes de habilidades o destrezas. O la del también sicólogo Daniel Goleman, que postula un manejo adecuado de las emociones como vehículo para el éxito. Ambas cuentan con popularidad en la sicología.

"Las pruebas de CI toman en cuenta habilidades específicas: verbales, matemáticas y figurativas, y forman parte de la llamada inteligencia general. Son pruebas bastante objetivas y estables en el tiempo.

Evalúan capacidades, pero lo cierto es que éstas tienen que ver sólo con una parte de la inteligencia y no con un concepto más amplio", explica Ricardo Rosas, sicólogo de la Universidad Católica. Para el especialista, si bien es cierto que las personas con un alto puntaje de CI tienden a un mejor rendimiento académico y a tener mejores empleos, sus índices de felicidad no tienen nada que ver con su "inteligencia".

El Instituto de Siquiatría de Londres reconoce la importancia de las emociones y de las seis habilidades propuestas por Gardner. Pero para estos genetistas, existe un punto que no puede ser discutido: "A excepción de las tres primeras habilidades propuestas por Gardner (lingüística; lógico- matemática; y espacial), nadie que pretenda estudiar científicamente la inteligencia humana puede pensar que dichas capacidades forman parte de la inteligencia". La mayor o menor destreza para la danza o la música, no deja de ser un asunto de aptitudes que se pueden o no desarrollar y aprender, pero que no se relacionan con el concepto de inteligencia general. Por eso es que al presentar el gen IGF2R, se encargó de aclarar que éste nada tiene que ver con "la poesía, los instrumentos o el baile".

En todo caso, el Instituto de Siquiatría de Londres asegura que el descubrimiento de este gen es recién el primer paso, pues ha calculado que existen cerca de otros 100 que influyen en la variabilidad de las pruebas de CI. De hecho, estudios previos sobre habilidades cognitivas en gemelos e hijos adoptivos han comprobado que el aporte total de la herencia a la inteligencia es de entre el 40 % y 50 %.